Opiniones, Personal, Tecnología

NOSOTROS, ANTES DE LAS REDES

A veces, una sufre un bloqueo mental que no la deja expresarse, pues no encuentra tema para hacerlo; y sin embargo en otras ocasiones cualquier chispa repentina despierta en mí las ansias de escribir, y eso es lo que me ha pasado en estos días; hay vídeos pendientes de grabar pero…de esto es necesario hablar; sí, de nosotros, antes de las redes. Como éramos entonces y como somos ahora.

Porque para los inmigrantes digitales, aquellos nacidos, tal vez, en un mundo en el que nuestro primer contacto con un ordenador pudo ser con aquel Spectrum con el que más de uno y una jugábamos al “Oh, mummy!”, existe sin duda un antes y un después, momento al que de una manera u otra nos hemos ido acostumbrando pero que no todo el mundo ha aprendido a gestionar de forma completa.

Las chispa de esta entrada salta cuando en Facebook, alguien comparte esta imagen.

Y la misma me hace pensar y reflexionar un poco sobre en qué momento nos hemos vuelto tan exhibicionistas de nuestras vidas privadas, cuando antes de la llegada de las redes sociales a nuestras vidas esto era algo casi imperceptible.

Una segunda imagen asalta mi pantalla y vuelvo a hacerme la misma pregunta; además con cierta nostalgia a la hora de ver el teléfono y recordar cómo pasábamos largas horas atados a la pared con esos “cuelga tú”, cuando los primeros teléfonos inalámbricos eran puros ladrillos de señal entrecortada.

nosotros antes de las redes

Yo nací en la década de los 70 y si bien es cierto que en mi casa teníamos cierto acceso a las novedades electrónicas del momento (a mi padre le gustaba esto mucho y tenía su amigo de la tienda de electrodomésticos, aquellas esquina de “Baquero Motor” que casualmente en la actualidad es ¡mi restaurante favorito de la Cueva de 1900!), no era lo más normal en las casas. Llegó el vídeo, primero el 2000, luego el VHS, años después el televisor gigante (de 28 pulgadas, ¡jeje!) Y nuestro primer ordenador, un Amstrad PC1512. Pero Internet era algo inexistente e impensable para los ciudadanos “de a pie”.

Mi infancia fue muy desconectada y entretenida. Podía pasarme las horas muertas dibujando y coloreando con aquellas ceras Plastidecor, viendo la programación infantil de la “primera cadena”, imaginándome lo que iba a pasar en mi serie favorita y comenzando a vivir aventuras ¡gracias a la lectura! Y fue feliz, tranquila, aunque no pude disfrutar mucho de lo que es jugar en la calle, ya que al vivir en un piso alto de difícil control visual, no me dejaban salir apenas.

antes de internet
Mi infancia fue “un mucho de esto”

Internet llegó a mi vida coincidiendo con mi acceso al mundo laboral. De hecho, lo hizo incluso algo más tarde; aún recuerdo las palabras de un compañero que, en mi año de prácticas casi me regañaba cuando me decía que no podía entender cómo una maestra de inglés no tenía Internet; os hablo de 1997 cuando aquellos accesos eran a través de la línea telefónica y el módem hacía ruiditos diversos y variados. Y entonces no existía la tarifa plana.

Internet llevaba consigo nuevas formas de comunicación; ¡cuántas decisiones laborales se habrán tomado o cuantas relaciones habrán surgido mediante MSN Messenger! Para mí esos tiempos fueron muy buenos. Y de repente alguien me invitó a entrar en un lugar llamado Hi5, y luego esa misma persona apareció en 2009 en un curioso lugar llamado Facebook, (mientras tanto me movía por foros como el de Mundorecetas o Enfemenino), y un día grabé una actuación de la guardería de mi hijo y me resultó muy curioso que mis amigos pudieran verlo a través de un lugar llamado YouTube.  Lo que desconocía en ese momento era que no sólo podrían verlo mis amigos.

Ahí es donde quiero llegar, a lo distinta que era nuestra vida entonces y en cómo esa diferencia nos influye.  Personalmente, creo que antes vivíamos más tranquilos, que no teníamos esa necesidad de mostrar al mundo lo que hacemos al minuto.  Y tengo que reconocer que yo he formado parte durante mucho tiempo de esa vorágine de enseñar, mostrar, exhibir la vida, pero que en cierto modo el tiempo me ha hecho cambiar y ver que, al igual que no era necesario hacerlo hace quince años, no es necesario hacerlo ahora. Por supuesto que todo el mundo está en su derecho a decidir el uso que quiera hacer de sus redes sociales, y quien quiera mostrar cada segundo de su vida, allá él o ella, pero yo ahora mismo no comparto este punto de vista.

antes de las redes

También es cierto que en el tema de las redes sociales me muevo entre dos aguas.  Tengo mis perfiles personales y los que pertenecen a un perfil con el que me estoy labrando una pequeña marca.  Ahí es necesario mostrar ciertos aspectos; sin embargo, si bien soy de dar detalles o pinceladas, me niego a “vender” mi vida aunque eso sea, valga la redundancia, lo que vende hoy en día.  Sé que es por eso por lo que no crezco en seguidores.  Pero prefiero ir poco a poco y llegar hasta donde llegue; me niego a que sea de otra manera. Ni todo en la vida es “vendible” ni el fin justifica los medios.

Como os comentaba antes, tengo mis perfiles personales, los cuales en Twitter (Twitter…¡dichoso Twitter!) y en Instagram están casi abandonados.  Sí que funciono con Facebook, la red social que me encandiló en sus comienzos y ahora me tiene en cierto modo decepcionada.  Cuando accedí a ella me emocionó el hecho de poder recuperar el contacto con gente que había desaparecido de mi vida.  Después llegó ese afán de “enseñar mi vida al mundo”, una sobreexposición de la que, si bien no me arrepiento, si pudiera volver atrás no la habría hecho. No puedo volver atrás, pero sí mirar hacia adelante.

Cada vez publico menos. Comparto algunas imágenes o comentarios, pero de mi vida ya hablo poco; y ello, principalmente por varias razones a las que llevo dándole vueltas en el último año.

La primera es que la gente me diga “que sabe de mí por Facebook”; gente no sólo lejana sino también cercana y eso no lo veo muy normal; quien quiera saber de mí no debería hacerlo a través de las redes sociales; llamar, mandar un whatssap tal vez preguntando por la salud pero al fin y al cabo es una expresión que me ha hecho reflexionar al respecto.

Por otra parte me he planteado el hecho de que si yo me he cansado de ver la vida en directo de ciertas personas ¿no se habrán cansado otros de lo que yo publico? ¿Realmente le resulta interesante a la gente lo que yo publico? Tener centenares de contactos y que siempre sean los mismos, y no muchos, los que comenten, creo que es algo significativo.

Otra de las razones por las que voy dejando un poco de lado mis perfiles personales es porque para algunos asuntos ¡sólo para algunos! estoy tomando una filosofía un tanto minimalista en mi vida (¡Debería tomarme esto más en serio, sí!), y de ello estoy aprendiendo que es mejor vivir y disfrutar las experiencias que estar continuamente fotografiando y compartiendo los momentos.  Ello no quiere decir que no se vivan, ¡se hacen y se disfrutan a tope! Pero parece como si por el hecho de no mostrarlos al mundo, estos no se vivieran; y eso no es así.  Se viven y no se pierde el tiempo preocupándose por si saldremos bien en la foto que hay que subir.

Además, hay que pensar en las personas que te acompañan en esos momentos o experiencias: ¿Quieren ellos o ellas aparecer en tus publicaciones en redes?; me lo planteo de la siguiente manera: Cuando veo por ejemplo, videovlogs en los que a la youtuber de turno acompañan sus “tropecientos mil” amigos pienso “¿y realmente todos quieren aparecer en el vídeo o en la publicación?” Por eso, directamente ni pregunto: en mis publicaciones aparezco yo, como mucho con mis pequeños, pero por lo general, nadie más; puede que en antiguas publicaciones sí, pero como os digo, este es mi pensamiento en este último año.

antes de las redes

No es que seamos más o menos felices tras la llegada de las redes sociales a nuestras vidas, es que antes todo era más simple y más sencillo, que el esconderse donde una pudiera para hablar por un teléfono atado a una pared tenía su toque de emoción que con los móviles se ha perdido. Éramos felices con muy poco pero ahora necesitamos mucho para ello. Tenemos el mundo a un click y eso nos hace estar mejor informados, más preparados pero también sobreexpuestos a demasiada información que tenemos que aprender a filtrar. 

Esa es mi conclusión personal.  Seguiré usando mis perfiles personales de momento y ¡quién sabe si en alguna ocasión me tomaré un descanso de ello! con mayor moderación que antes, y seguiré trabajando mi marca personal para que crezca hasta donde tenga que llegar.  No es en absoluto lo que deseo pero si algún día tiene que parar, será lo que haga y si tiene que crecer ¡bienvenido sea!

Como siempre, os deseo lo mejor.

feliz semana

 

 

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