Irene Villa
Discapacidad,Educación,Evento,Familia,Granada

Charla coloquio de Irene Villa en Granada: El valor de la superación

La semana anterior al 28 de Noviembre de 2018, me enteré por casualidad de que ese día la periodista, escritora y psicóloga Irene Villa (Madrid, 1978) estaría en Granada acompañada por el Juez de menores Emilio Calatayud (Ciudad Real, 1955) para hablar de su experiencia vital; y precisamente de esa vitalidad que siempre derrocha, surgieron mis ganas de acudir a dicho evento, organizado por la Fundación Unicaja junto con el diario Ideal, dentro de la Escuela de Padres que este periódico organiza con cierta frecuencia y por la que han pasado personajes de la talla de Paco Lobatón o Pedro García Aguado entre otros.

Aunque principalmente por falta de conciliación no suelo acudir a este tipo de eventos que tienen lugar ya en una hora tardía, no me lo pensé dos veces y aproveché que en horas previas tenía consulta con la dentista para ya quedarme en la ciudad y esperar la hora del evento, cuyo comienzo estaba fijado a las 19.30 pero por circunstancias, empezó algo más tarde.

irene villa
Foto extraida de su cuenta de Instagram @_irenevilla_

Ambos contertulios son ampliamente conocidos; el juez de menores Emilio Calatayud es conocido a nivel nacional por sus “sentencias ejemplares” y ha dado infinidad de charlas por toda la geografía nacional; de hecho, en el colegio donde yo trabajaba anteriormente organizamos junto con el instituto una charla que fue todo un éxito, pero desde entonces hasta ahora ha llovido un poco, ya que aquello fue en 2010.  Muy lógico en muchas de sus declaraciones, un tanto polémico en otras y, en ocasiones, sacadas de contexto para “silenciarlo”, podéis ver sobre él en Redes Sociales y de manera más concreta leer sus opiniones en su blog https://www.granadablogs.com/juezcalatayud/

Pero no; en esta ocasión él no era el protagonista sino más bien el introductor de una charla con Irene; los más jóvenes, o quienes no hayan tenido la oportunidad de conocer su historia (algo casi impensable para las personas mayores de treinta años) sabrán que es una periodista que se dedica a dar charlas y les podrá sonar algo de que le faltan las dos piernas (incluso por alguna que otra broma macabra que ella se toma con cierto sentido del humor).  Para quien no lo sepa, Irene era una niña que en 1991, el día 17 de Octubre, tenía previsto jugar un partido de baloncesto al cual nunca pudo llegar; fue la banda terrorista ETA, la lacra que nos ha perseguido (y aunque hayan dejado las armas, ese hedor sigue ahí) y en concreto dos de sus miembros a los que no merece la pena nombrar, los responsables de que no llegara.

En nuestra retina se conservan aún imágenes dantescas como la de María Jesús González, madre de Irene, siendo asistida por personal sanitario mientras que la pequeña, que contaba entonces con doce años, yacía metros más allá tras haber sido lanzada tras la detonación; la creían casi muerta; pero no…”Quisieron quitarme la vida y no sólo no lo consiguieron, sino que después he sido capaz de crear tres vidas más”.  En aquel atentado Irene perdió las dos piernas y tres dedos de una mano; estuvo siete meses en el hospital y pasó un sinfín de operaciones para superar aquel momento.

Y vino a Granada a contarnos su historia; es cierto que a lo largo de estos años, gracias a la prensa y en muchas ocasiones a la denominada rosa, con la cual no creo que ella tengo mucho que ver, la hemos visto crecer, aprender a caminar con sus prótesis, progresar en sus estudios y convertirse en deportista paralímpica, porque si bien es verdad que el día 28 estuvo en nuestra ciudad, lo hace con cierta frecuencia ya que es una apasionada del esquí adaptado y para ello nuestras pistas de Sierra Nevada son únicas (aunque en mi humilde opinión, lo que es Pradollano no está preparada para usuarios en silla de ruedas durante la temporada invernal, y si alguien cree que sí, por favor que me corrija, ya que subo poco pero así lo veo).

Irene Villa
Extraida de su cuenta de Instagram @_irenevilla_

Durante una hora y media ella, en primer lugar y siempre a raíz de preguntas e intervenciones cortas del juez, fue contando su historia de superación desde el principio, desde el momento en el que la ambulancia la trasladaba mientras que en esa misma jornada ETA había cometido ya otras dos masacres (fue un día aciago sin duda aquel 17 de Octubre del 91), en el que su padre les dijo a los médicos que no la salvaran, que la dejaran morir y en el que el médico que la salvó escuchó, llámese ángel de la guarda o espíritu protector, una voz que le decía que la tenía que salvar, sí o sí.  Y allí estaba ella contándolo, veintisiete años después y dedicando su charla sin duda a este doctor.

Durante el acto hubo muchas palabras bonitas, emotivas, optimistas…pero tres de ellas muy importantes, básicas en su vida y en la educación que le da a sus tres pequeños: Resiliencia, respeto y responsabilidad.  Resiliencia: “Sí, habré perdido las dos piernas pero yo no quiero repetir 8º de EGB, yo quiero aprobar el curso ¡y lo apruebo!” ; la resiliencia es la capacidad del ser humano para superar las adversidades; todos la tenemos pero no toda la gente la pratica.  Respeto hacia uno mismo y hacia los demás; y sentido de la responsabilidad, sin duda. A mí lo que más me llamó la atención, sobre todo por mis circunstancias personales y familiares, fue la resiliencia; creo que hace años que vivo inmersa en una vorágine de altibajos pero también creo que no merece la pena dejarse vencer por el desánimo y que de las caídas hay que levantarse e intentar hacerlo de la mejor manera.

A lo largo de la, aproximadamente, hora y media que duró el coloquio, los contertulios tuvieron tiempo de hablar acerca de los temas cotidianos que afectan principalmente a los niños y jóvenes: educación, cultura, familia, destacaron esa alienación que sufren los niños de hoy en día por parte de las nuevas tecnologías, y sobre como mucha de esa juventud está en cierto modo desperdiciando un tiempo precioso con este tipo de historias. Sin embargo, las palabras de Irene rezumaban optimismo y alegría por los cuatro costados. Finalmente hubo un turno de preguntas e intervenciones por parte del público en el cual, principalmente, se le dió las gracias a Irene por transmitir esa alegría de vida, y destacó el comentario de una de las asistentes, quien dijo haber estado presente en el lugar y en el momento del atentado.

Fue una pena que terminara tan tarde y no haber tenido tiempo de saludar a los protagonistas del evento como sí que hicieron muchas otras personas, pero mi obligación en aquel momento era volver a casa, y mientras caminaba por las calles adyacentes a la Facultad de Ciencias donde había tenido lugar el acto, viajaba después en el metro o ya conducía mi coche, la resiliencia no dejaba de darme vueltas en la cabeza.  

En definitiva, tomé una buena decisión al acudir a esta charla coloquio, porque a pesar de que se comentaron algunos aspectos complicados de la actualidad, se tomaron con cierta dosis de humor y lo que sí que hizo Irene fue darnos una buena de optimismo ya que la discapacidad es algo que está en la mente de uno mismo, que hay que afrontar y que se puede superar porque sí, hay que “saber qué se puede” y nunca desesperar.

¡Sin más, os deseo una feliz semana y una buena entrada en el mes de Diciembre de 2018!

 

 

 

 

 

 

 

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