A VUELTAS CON…”LOS DEBERES ESCOLARES”
Educación, Niños, Opiniones

A VUELTAS CON…”LOS DEBERES ESCOLARES”

Dentro de mi intención de publicar cada semana o a lo sumo cada quince días, hoy me siento delante de mi Sony Vaio para escribir sobre algo que está de actualidad y que me afecta tanto como seño como mamá.  El tema, como no, el de las tareas escolares.

Desde hace ya varios años vivo con la sensación de que en este mundo nuestro todo se está llevando hacia unos extremos a los que antes no se le daba mayor importancia.  Hoy en día, asuntos que, años atrás, pasaban desapercibidos, importunan al personal de manera a veces exagerada y la tarea escolar no se queda atrás, aunque este no es precisamente un tema nuevo,  Recuerdo que, en mi infancia ya se habló de la eliminación de los deberes, y en la cabecera de un programa infantil que aquí os muestro aparecía el anuncio de que era un programa para los millones de niños que ya no tenían deberes a la salida del colegio. ¡Aquella E.G.B!


Por mi parte –  no sé si es que en Andalucía esto no llegó a llevarse a cabo – yo nunca dejé de tener “deberes” y tuve una infancia feliz, completa y sobre todo aprendí muchas cosas, la gran mayoría de ellas muy útiles tanto para mi vida de adulta como para mi cultura general. Pero eso sí, teníamos clase por la tarde de tres a cinco, y eso fue hasta 3º de B.U.P….¡y no pasaba nada! (tal vez incluso entonces lo teníamos peor y no existía tanta polémica).



Sin embargo llevamos ya unos años presenciando el debate de “deberes sí, deberes no”.

Yo puedo hablar desde ambos puntos de vista.  El de la maestra que considera que los niños necesitan repasar lo aprendido en clase porque, encima de todo y con esta nueva ley “que nos ampara”, las sesiones se reducen a 45 minutos y el de la madre que ve como el niño llega a casa con cierta sobrecarga de trabajo aunque desde mi otro punto de vista sé que esto se debe en parte a que no ha aprovechado el tiempo de la manera más eficiente posible.  Y lo que hay que hacer es reflexionar y aunar ambos aspectos porque, como yo siempre digo, en la virtud está el término medio.

Por una parte, los padres y madres no pueden pensar que los maestros mandamos tarea a nuestro libre albedrío.   Desde hace ya unos años la tendencia es que el trabajo se planifica de acuerdo a la duración de las sesiones pero si ésta no es suficiente, el trabajo que a cada alumno le queda por hacer es el que va a llevar para casa.  Se da por hecho que si ha aprovechado el tiempo en clase llevará poco o ningún trabajo.  Existe la posibilidad de que mandemos algún material de refuerzo, y si lo hacemos es porque es necesario y no viene mal.  Los maestros y los padres tenemos mucho en común, y lo principal es que buscamos el bien de nuestros niños y niñas.

Ejemplo de agenda
en la pizarra de clase

Por otra parte,  el uso de la agenda escolar permite una racionalización de la tarea ya que,  a diferencia de esos tiempos de la E. G. B.  en los que,  al menos hasta sexto se contaba con un tutor que impartía todas las materias,  hoy en día y sobre todo en los centros bilingües,  en las aulas entran a diario entre tres y cuatro maestros.  La costumbre generalizada es la de que,  para que los compañeros sepan lo que se ha mandado ya y para que los niños organicen y planifiquen su agenda, conforme vamos entrando y trabajando en el aula, escribimos en la pizarra la tarea pendiente.  El alumnado la apunta y ello nos ayuda a equilibrar las tareas a mandar. De hecho, a mí me gusta que apunten lo que se va a hacer desde que llego, y si la hacen completa en clase la tachan sin problema.

Hasta hace unos años, antes de que se estableciera este debate de la manera en que se está haciendo ahora y cuando mi lugar de trabajo era distinto, y en tiempos en los que además de los libros, a estos se le podían añadir cuadernos de trabajo, yo era partidaria de mandar esa página adicional al trabajo realizado en clase y de que, si por casualidad no la había,  al menos leyeran lo que íbamos a dar al día siguiente en clase.  En aquel momento la oferta de actividades extraescolares era escasa y ninguna familia se oponía a este trabajo o al menos, no lo expresaba. De hecho, desde el Equipo de Orientación nos indicaban el beneficio de que estos niños,  ya de 5º y 6º, dedicaran una hora diaria al repaso y al estudio como preparación para lo que les habría de llegar en el I.E.S.  Creo que entre 30 minutos y una hora es un tiempo razonable para un alumno de estas características, y menos para los niveles inferiores.  Un alumno que, en la edad adulta, tendrá que enfrentarse a una oposición, una reunión o un discurso y el cual pretendemos que se convierta en una persona competente que sepa hacer cosas con los contenidos adquiridos.

Fernando realizando tareas en 1º


Con el paso del tiempo, no sólo mi hijo crecía (actualmente cursa 5º) y él mismo iba empezando con su tarea diaria después de clase, sino que yo cambiaba de colegio, trasladándome a un centro mucho más grande en el área metropolitana de la que es mi ciudad natal, Granada.  Un lugar donde la oferta de actividades para después de la clase es mucho más amplia y variada. Y, con frecuencia, es este tema el que choca con la tarea escolar.

En este caso hay que establecer prioridades; mi opción como maestra y como madre es la de que mis hijos tienen que organizar y planificar sus tardes de forma que dediquen el tiempo tanto a su repaso como al ocio.  Lo que no se debe hacer, en mi opinión, es sobrecargar a los niños de actividades extraescolares, las cuales no siempre les apetece llevar a cabo.  Lo aconsejable sería realizar una actividad extraescolar que le ocupara al niño o a la niña dos o tres tardes y que de verdad le apeteciera realizar y no dos o tres que le ocupen la semana completa.

La actividad extraescolar elegida por mi hijo,
el tenis de mesa.


Sería preferible que antes de acudir a la actividad extraescolar, los niños y niñas hubieran terminado ya su tarea, pero en nuestro caso, hay ocasiones en las que, ante la imposibilidad de compatibilizar, el día que no se pueden llevar a cabo ambas actividades, ese día no se acude a la extraescolar.  La prioridad en ese caso es terminar la tarea escolar y dejarla organizada para el día siguiente.  En nuestro caso particular es incluso complicado, porque a estas actividades se le unen las sesiones de atención temprana de mi pequeña, durante las cuales tanto mi hijo como yo nos dedicamos cada uno a nuestras tareas en la sala de espera.

A la hora de pensar en el término “deberes”, debemos pensar en sus ventajas e inconvenientes, aunque yo le veo más de lo primero  y por eso en los inconvenientes voy a dar mi punto de vista también:

  • La tarea para casa es útil para fijar lo aprendido en clase.
  • Algunos conocimientos como Lengua, Matemáticas, un segundo/tercer idioma o la lectura requieren mucha práctica y repetición, lo cual implica tiempo el cual en el centro es limitado.
  • La tarea ayuda a adquirir un mayor grado de autonomía.
  • Ayuda al niño o a la niña a administrar su tiempo y a organizarse.
  • En resumen, podría decir que “los deberes” promueven el desarrollo de habilidades como la organización, la precisión, la autonomía y el compromiso.

En cuanto a los posibles inconvenientes, según he leído y algunos sí que los he vivido en primera persona, son los siguientes, y voy a ir rebatiéndolos en la medida de lo posible:

  • Los “deberes” en Primaria son ineficaces: Lo rebato, cualquier ejercicio de repaso es necesario y válido.
  • No crean hábitos y no fomentan la autonomía: El niño que desde pequeño al terminar de comer descansa un poquito y hace frente a su tarea asume este hecho como costumbre.  Pero es tarea de padres y madres  que los niños y niñas adquieran dicho hábito. En casa ya no tiene al maestro o maestra por lo que tiene que usar otros recursos.
  • Son excesivos y no dejan tiempo libre al alumno: Como bien decía antes, la tendencia actual entre el profesorado es la de una racionalización, tanto en calidad como en cantidad, de la tarea.  Aparte de docentes, la gran mayoría también somos padres y madres y lo entendemos perfectamente.  En cuanto a lo del tiempo libre, hay que racionalizar también el que se dedica a las actividades extraescolares.   Esto sí que lo he padecido en primera persona, la lentitud,  pero conforme el niño ha ido creciendo ha aprendido a aprovechar mejor el tiempo en clase y a organizarse en casa.
  • Crean ansiedad y estrés: Es necesario planificar bien el trabajo y los tiempos para llevarlo a cabo.
Otro de los argumentos que se esgrime a la hora de ir en contra de la tarea en casa, como he visto en más de una ocasión a través de Facebook, es que los niños llegan al colegio a las 7.30 y que pasan entre 7 y 9 horas allí de Lunes a Viernes, por lo que no pueden llevar más tarea para casa.  Estas cosas sí que me enervan, porque no es tanto cuestión de tarea para casa sino de conciliación familiar y laboral, y si encima de convertir a la escuela en un servicio social y asistencial se nos echa la culpa de todo…así nos va al profesorado también.  Ese niño o esa niña que entra a las 7.30 y sale a las 18.00, de las diez horas y media que pasa en el centro, SOLAMENTE cuatro y media son lectivas, junto con la media hora de recreo. El resto las pasan en el aula matinal, donde no realizan actividades de aprendizaje sino lúdicas; en el comedor y en las actividades extraescolares donde pueden repasar o no, de acuerdo con el tipo de las mismas.  Por lo tanto ese horario se debe a razones de conciliación y no somos los docentes ni las escuelas los responsables del mismo…tal vez la racionalización no es sólo necesaria en el tema de los “deberes” sino también de la conciliación. 

Mi conclusión es que los “deberes” sí que son necesarios, pero de forma más racional, tanto en tiempo como en calidad de los mismos, y buscando también otras técnicas tales como la realización de proyectos, busqueda de información, etc., y no limitarnos a meros ejercicios repetitivos que, por supuesto, siguen siendo necesarios.




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